LO QUE TIENE LA POESÍA (columna Granada Hoy)


EN el libro Nos han dejado solos, escribe Rafael Espejo: “Algo con insistencia está pidiendo / que me salga de mí si yo contigo”. El amor y la poesía son antídotos contra el solipsismo. ¿Pero qué más puede ofrecernos un puñado de versos mientras sentimos cómo se tambalean nuestros pilares en este inquietante fin de año? Se me ocurren algunas peculiaridades que pueden terminar convirtiéndose en ventajas.

La poesía se crece en la orfandad moral. La autoridad de las instituciones que velaban por el bien ha sido relativizada hace mucho en Occidente y dicha relativización ha dejado al individuo a solas frente a su responsabilidad. ¿Nos aboca eso al nihilismo? En absoluto, la orfandad moral puede ser una vía de emancipación que no niegue la responsabilidad de cada individuo sobre los demás. La poesía, en concreto, constituye una reflexión sobre dicho desamparo, construye sobre la incertidumbre y aspira a ofrecer una comprensión del mundo que no evite sus conflictos.

La poesía es cada vez más ambigua. Formo parte de una generación que ha visto cómo la nueva era capitalista desarticulaba anteriores propuestas de justicia. Tenemos terror a que las nuevas propuestas sean igualmente desarticuladas, pánico a ser aprehendidos (porque uno puede desmontar tan sólo aquello que agarra). Eso explica quizás que, como algunas propuestas políticas contra la crisis, las propuestas poéticas sean difíciles de evaluar. La poesía es un artefacto con dirección, pero en constante movimiento. Su transformación es un tanteo y, por tanto, una fuente de futuras respuestas.

La poesía incomoda. Un buen poema nunca te dice lo que esperabas, fabrica su verdad, te contradice. Lo pre-decible es enemigo de la poesía: de ahí la pulsión de cambio. En medio de ese torbellino, puede que su gran coherencia sea la suspicacia. Sospechar no como paso previo a la construcción del poema, sino como acción del propio poema, como fructífera manía.

La poesía compromete. Dice Ricardo Piglia que la diferencia entre información y narración es que la segunda implica al lector en lo que cuenta. De la misma manera, pienso que lo que sucede en un poema compromete al lector. Todo buen poema deja un hueco donde cabes tú. Entras, te acomodas dentro de un verso y, en el siguiente, recibes un empujón. Cada vez que vuelves a acomodarte, vuelven a empujarte. La poesía te mueve del sitio y ésa es su gran aportación. Porque hacen falta ideas y, sobre todo, formas de pensamiento que no confirmen el lugar en el que estamos, que zarandeen nuestra rutina, que nos agiten el suelo.

(Fuente: granadahoy.com)

  1. asecas ha publicado esto
Comentarios del blog proporcionados por Disqus